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La constancia al entrenar es la clave - Más de 7 años entrenando

Si prefieres ver un video sobre esto:


Hoy en día, si paso un día sin hacer ejercicio, solo me hace pensar en los beneficios que me estoy perdiendo, cosas como el aumento de mi creatividad, la liberación de estrés o el aumento de mis niveles de energía, y ni me hagas hablar de cómo ha transformado mi cuerpo, pero honestamente hace 7 años nunca me hubiera imaginado que hoy estaría aquí hablándote de fitness.

Quizás porque durante la mayor parte de mi vida hacer ejercicio o tener una vida saludable ni siquiera era un tema para mí.

Siempre he sido un tipo gordito, así que obviamente lo primero que intenté cuando empecé a pensar en fitness fue perder la grasa de la barriga y sobre todo la del pecho. Recuerdo que intentaba salir a correr de vez en cuando, jugar baloncesto para hacerlo divertido y, por supuesto, hacer algo de abdominales. No duró mucho.

Después intenté (muchas veces) levantar pesas, porque así podría tener un cuerpo más tonificado y, con suerte, perder de paso la grasa del pecho y de la barriga. Hasta hice un programa de 3 meses llamado “Operación cuadritos” para prepararme para el verano, pero de nuevo, muy pronto volví a no hacer ningún ejercicio.

Creo que la razón por la que no logré mantenerlo fue que no sabía las cosas que voy a compartir contigo hoy.

Pero primero un aviso: no soy entrenador ni atleta profesional. Solo soy un tipo normal, haciendo cosas normales. Aquí solo comparto mi experiencia de cómo, trabajando muy duro, día tras día, he podido alcanzar mis metas. Sigamos.

Hoy voy a compartir contigo 4 pasos que seguí para por fin hacer del fitness parte de mi rutina diaria y el primero fue “descubrir el porqué”. Como te dije antes, al principio mi razón era específicamente verme mejor. Descubrí por las malas que para mí eso no era suficiente. Verme mejor no me hará correr esa milla extra, verme mejor no me dará la motivación que necesito para las 2 repeticiones extra y tampoco evitaría que me rinda cuando está súper difícil.

Recuerdo la primera vez que intenté hacer una flexión y no pude hacer ni una, pero cuando miré a mi lado, vi a mi hermanita haciendo varias flexiones como si fuera lo más natural del mundo, y la sensación de ser impotente para hacer lo que quería se quedó en el fondo de mi cabeza por muchos años.

En 2014 decidí no sentirme más impotente y tomar el control de mi vida en todos los sentidos, incluyendo mi cuerpo.

Hoy en día, hacer ejercicio es parte de mi rutina igual que comer, trabajar o pasar tiempo con la familia y los amigos, y es porque ahora no lo hago para tener un cuerpo más tonificado, lo hago porque sé que es súper importante para poder vivir más feliz y, con suerte, más tiempo, y hacer todas las cosas que amo y que planeo hacer.

El segundo paso fue “hacerlo simple”. Lo que quiero decir con esto es que necesitaba crear un proceso que me ayudara a tener la menor cantidad de excusas posible.

Algo que puedes hacer para hacerlo simple es escoger algo que de verdad te guste, sea baloncesto, fútbol, voleibol, tenis, correr, bicicleta, esquí de fondo, baile, chess boxing (sí, eso es un deporte, no me preguntes), lo que sea, pero algo que incluso harías solo por diversión. Para mí fue levantar pesas.

Otra cosa es que necesitaba planear mi entrenamiento con anticipación. Empecé a decidir antes de llegar al gimnasio qué ejercicios, series y repeticiones iba a hacer cada día. También empecé a dejar lista mi ropa de entrenar la noche anterior y escogí el gimnasio más cercano posible. De nuevo, sin darme oportunidad de inventar excusas.

Y por último, empieza poco a poco. En el libro The power of less, Leo Babauta dice que 5-10 minutos al día son suficientes para empezar a crear un hábito, así hay una posibilidad mucho menor de inventar excusas para no hacerlo y te puedo asegurar que después de crear el hábito vas a sentir la necesidad de aumentar ese tiempo.

El tercer paso fue “definir un horario”. He probado ir al gimnasio temprano en la mañana y esto funciona más o menos, pero no siempre soy una persona de mañanas, lo que significa que me lo he saltado muchas veces solo porque quería seguir durmiendo. Lo he probado durante mi hora de almuerzo y también funciona más o menos, pero siempre me sentía un poco estresado porque tenía que apurarme para volver al trabajo y a veces no podía hacer mi entrenamiento como lo había planeado. También lo he probado tarde en la noche y para mí no funciona para nada, a esa hora estoy completamente agotado del día y no puedo dar lo mejor de mí en el gimnasio.

Lo que sí me ha funcionado absolutamente fue algo que aprendí del libro Atomic Habits. Ahí James Clear habla de habit stacking (también tiene un post en su blog sobre eso, que voy a dejar en la descripción). Hay muchos hábitos que damos por sentado y no pensamos en ellos como hábitos. Tomándome como ejemplo, después de despertarme lo primero que hago es cepillarme los dientes, luego hago café y luego leo un libro. La forma en que estos hábitos están apilados hace más difícil que me olvide de cepillarme los dientes después de despertarme, por ejemplo.

Usé esta técnica y empecé a ir al gimnasio justo después del trabajo, ya que salir de la oficina me da el disparador perfecto para ir al gimnasio de forma automática, sin excusas.

Después de encontrar el horario que mejor te funcione, tienes que asegurarte de hacerlo una prioridad y no dejar que nada vaya primero. Para mí, el horario que escogí choca con reuniones sociales y mi solución siempre ha sido decir “nos vemos después del gimnasio”.

Y finalmente, el cuarto paso fue “la regla de los dos días”. Aprendí esto hace un año de uno de mis YouTubers favoritos, Matt D’Avella, y fue un game-changer, voy a dejar su video en la descripción. La regla de los dos días básicamente dice que no puedo saltarme mi entrenamiento dos días seguidos, así que si hoy no entreno, eso significa que mañana tengo que entrenar.

Pasar más tiempo sin entrenar hace más probable que perdamos el hábito, así que apegarse a la regla es crucial. Antes entrenaba entre semana y descansaba los fines de semana, pero a veces no podía entrenar un viernes, lo que significaba que mi próximo entrenamiento sería 3 días después y por eso perdía mi hábito. Con la regla de los dos días es simple, solo tengo que recordar “¿entrené ayer?” Si no, entonces tengo que entrenar mañana, sin excusas.

Estos son los 4 pasos que me ayudaron a mantener mi rutina de fitness por más de 7 años y contando. Descubrir el porqué, hacerlo fácil, definir un horario y seguir la regla de los dos días. Claro, esto no es tan fácil como suena, muy seguido la vida simplemente pasa (me enfermo, viajo, coronavirus) pero lo mejor que podemos hacer es volver a la ruta lo antes posible, al final del día esto es un maratón, no un sprint, así que lo importante es mantener el hábito a largo plazo.

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